domingo, 3 de mayo de 2009

MI PRECIOSO REGALO DEL DÍA DE LA MADRE


Mi precioso regalo del día de la Madre se llama Lluna, tiene dos años y es un saco de vitalidad y energía, una pillina de minúsculas dimensiones que me trae de cabeza. Cada mañana cuando se despierta lo primero que suena dentro de su cunita es una vocecilla que aún no se ha sacudido el sueño y que me llama: "mami Dolors", luego pregunta por su papi y, cuando la meto en mi cama, me abraza y me dice "ti tiro molt" (que en catañol llunense quiere decir t'estimo molt-te quiero mucho).
Hoy, lo primero que ha sonado de buena mañana ha sido un "mic mic toca'm el melic" (tócame el ombligo) que me ha arrancado una sonrisa. Luego, su papá y ella se han ido en busca de unos croissants calentitos para el desayuno y unas bonitas flores para celebrar el día de la madre.
La verdad es que no hacía falta regalo. El verdadero regalo es poder disfrutar de ella, de ellos dos, cada día. La felicidad de saberlos cerca, de poder sentirlos y tocarlos... no hay dicha más inmensa que esa. Y juntos hemos ido a pasar el día en un chiringuito en la playa. Suena frívolo, la verdad, pero ha sido muy divertido ver a Lluna entusiasmada, excitada, asustada... nerviosa y feliz jugando en la arena y corriendo para que no la pillaran las olas, al principio, y luego entrando cada vez un poquito más hasta acabar chorreando.
La felicidad suele residir en estas pequeñas cosas. En estos momentos que nos hacen sentir bien y nos recargan las baterias para plantarle cara al desánimo y a los malos momentos. Mi felicidad tiene nombre propio, un nombre muy bello. Lluna es el nombre de mi felicidad.

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